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siguiente, Amanda?
—No. No sé dónde estaré.
—Si cambias de parecer —indicó Melissa—, lo único que has de hacer es llegar hasta
la puerta y tocar el timbre. No tengo ni que decírtelo.
Amanda dejó la casa Foralie media hora más tarde. La luna, que la noche anterior
había sido llena, comenzaba a menguar, pero ciertas nubes dispersas amortiguaban la
brillante iluminación con la que había despertado poco antes. Avanzó con el deslizador a
toda velocidad rumbo al punto de encuentro que había estipulado con Lexy y Tim. Unos
cien metros antes de llegar, halló el deslizador de Ramón vacío; dejó el suyo al lado. No
se veía a nadie. Ramón no podía andar sin sus piernas ortopédicas, aunque sí arrastrarse
por la tierra con las mismas dificultades que cualquier adulto. Amanda iba a emprender el
ascenso hacia la colina, agachada, de modo que ningún instrumento del acantonamiento
de abajo la detectara, cuando un ruido en las sombras le indicó que se acercaba gente.
Unos instantes después, Ramón, Lexy y Tim se erguían del suelo a poca distancia de ella.
—Lo siento —se disculpó Amanda—. Tenía que haber llegado mucho antes.
—No era necesario —adujo Ramón.
Sus poderosos brazos le alzaron hasta su propio deslizador y allí se sentó.
—Sí que lo era —negó Amanda—. Estos dos no pudieron comenzar su misión hasta
que no se tranquilizó el ambiente...
—No bajaron hasta que no fue noche cerrada —explicó Ramón—, hasta que no
salieron todas las patrullas y se cerró la fábrica. La gente de la ciudad estaba en sus
casas y las tropas en su campamento. Tim permaneció más allá del perímetro y Lexy se
acercó justo a la primera línea de barracas, lo suficientemente cerca como para poder
escuchar lo que hablaban, pero con el espacio necesario para el caso de que tuviera que
huir.
Amanda trasladó su atención a Lexy.
—¿De qué hablaban?
—De cosas corrientes —explicó Lexy—. De los oficiales, del equipo, y de cuánto
tiempo permanecerían aquí hasta regresar a casa. La típica conversación de los soldados
fuera de servicio.
—¿Comentaron algo sobre el momento en que deCastries se dirigirá a Foralie?
—Sí, eso ocurrirá a primera hora de la mañana. Tardaron en preparar la marcha, por lo
que no pudieron salir hoy —comentó Lexy—. No tienen muy buena opinión militar de
nuestra gente, aunque ninguno tenía ganas de emprender el viaje una vez oscureció.
—¿Qué opinan de sus oficiales?
—No sé mucho. Hay un mayor que le cae bien a todos, pero no pertenece al personal
del general. Marcan bien la diferencia entre los soldados y los oficiales.
—Ahora podéis ver por vosotros mismos cómo son las cosas con las tropas del Viejo
Mundo —les comentó Ramón a los dos jóvenes.
—De todas formas, es un modo bastante estúpido de comportarse en territorio hostil —
señaló Lexy—. Poseen un buen parque de vehículos ligeros. Aunque no son blindados.
Los han equipado con armas livianas y pistolas. Te podría haber traído uno de sus rifles
de aguja...
—Oh, ¿de verdad?
Hubo un breve silencio en la oscuridad que traicionó el reconocimiento del desliz Lexy.
—Todas las barracas estaban vacías. Lo único que hice fue espiar en la última de la fila
—explicó Lexy—. Estos soldados terrestres..., son peores que los elefantes. Podría haber
entrado, robarles las pertenencias y ellos ni se habrían enterado.
La luna surgió tras una nube que la ocultaba, y bajo la pálida luz Amanda pudo ver el
rostro de Lexy..., tenía la boca firmemente cerrada.
—Ramón —inquirió Amanda—, ¿no les diste la orden específica de que no se
adentraran en la zona acantonada?
—Lo siento, Amanda —repuso Ramón—. No insistí en ello.
—Lexy, en ningún momento, presente o futuro, te meterás tú, o cualquier otro, más allá
de la línea exterior de las barracas—, la exasperación se apoderó de ella—. ¡Y no te
encrespes! Si te molesta alguna orden, intenta guardarlo en tu interior.
Otra nube ocultó la luna. La voz de Lexy surgió de forma inesperada de la oscuridad.
—¿Por qué?
—Primero, porque probablemente una hora después desearías haberlo hecho.
Segundo, porque debes aprender a no desafiar por costumbre. Nadie es tan bueno.
Controla tus impulsos hasta que sepas lo que puede suceder cuando actúes.
Silencio en la oscuridad. Amanda se preguntó si Lexy estaba archivando la información
que acababa de recibir para ser eliminada, o —quizá— para guardarla como referencia
futura.
—Bueno —habló Amanda—. ¿Algo más? ¿Tenéis alguna información sobre sus
planes? ¿Se sabe si Cletus se halla camino de Dorsai?
—No —contestó Lexy—. Comentaron la posibilidad de un traslado masivo de todos
nosotros una vez que Cletus fuera juzgado en la Tierra. Incluso mencionaron algo de
cambiar el nombre de nuestro planeta. Eso no tiene sentido.
Amanda respiró profundamente.
—Me temo que sí —repuso.
—¿Amanda? —era Ramón el que preguntaba—. Creo que no te comprendo. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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